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PRESENTACIÓN
Después de una evaluación de nuestro Nº 0, y agradeciéndoles su acogida y sugerencias, nuestro boletín llega a ustedes otra vez, con algunas novedades. En primer lugar, le hemos puesto un nombre que expresa nuestro compromiso y llamado a superar todo aquello que menoscaba el ejercicio efectivo de los derechos de todos los ciudadanos y ciudadanas de nuestro país, especialmente de los que sufren pobreza y exclusión. En segundo lugar, hemos buscado un formato que les permita a ustedes acceder fácilmente al boletín, poder descargarlo e imprimirlo con comodidad, y contar con una tabla de contenidos que les facilite encontrar con un clic lo que buscan. Sin embargo, sabemos que todavía es posible seguir mejorando, y lo seguiremos haciendo.
Hemos querido centrar este número 1 sobre el tema de la discriminación, pues con razón se le considera un obstáculo importante para el acceso a la ciudadanía plena.
Al describir, brevemente, algunos de los tipos de discriminación existentes en la sociedad peruana, queremos llamar la atención sobre la necesidad de sensibilizar a la población sobre esta compleja problemática, y también invitarlos a tenerla presente en nuestros trabajos, para buscar combatirla en todos los campos de nuestra vida cotidiana.
No perdamos de vista que las discriminaciones se dan en forma entrelazada; una misma persona puede ser víctima de varios tipos de discriminaciones a la vez. Por ejemplo, muchas mujeres son discriminadas no sólo por ser mujeres, sino por ser pobres, o por pertenecer a una etnia determinada. El tema es muy complejo y escapa a nuestra intención trabajarlo en profundidad. Lo que queremos es presentar una primera visión panorámica del mismo
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EL TEMA
LA Discriminación
En nuestras relaciones sociales se encuentran internalizadas (interiorizadas) una serie de actitudes o pautas de comportamiento que, de tanto repetirse cotidianamente ya nos parecen normales. Sin embargo, ellas establecen una serie de discriminaciones solapadas o abiertas (a nivel de raza, género, cultura, etnia, región, clase, generación, discapacidad etc.) que son fuente de frustración o humillación cotidiana para la mayoría de peruanos.
Estas discriminaciones también juegan un rol importante en la reproducción de la pobreza en nuestro país. Efectivamente, la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza dice que “para muchas personas y familias en el país, el trato discriminatorio por razones socioeconómicas, étnicas, de género, de edad o de discapacidad es una causa importante de pobreza y dificulta la posibilidad de salir de ella, profundizando las desigualdades y cerrando oportunidades (…) la cultura de discriminación está enraizada no solo en la sociedad sino en el conjunto de la administración pública” (p. 192-193).
Esto es muy serio, pues “La pertenencia no sólo se construye con mayor equidad, sino también con mayor aceptación de la diversidad. No puede haber un “nosotros” internalizado por la sociedad si esa misma sociedad invisibiliza identidades colectivas, mantiene prácticas institucionalizadas o cotidianas de discriminación de grupos definidas por diferencias sociales, geográficas, de género, edad y etnia, o perpetúa brechas sociales vinculadas a dichas diferencias” (Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas CEPAL , p.16).
Hay que reconocer que esta es una característica que aflige al conjunto de nuestra región latinoamericana. La CEPAL afirma que “La negación del otro constituye una marca secular de ciudadanía incompleta en la región. Por tratarse de una región pluriétnica y pluricultural, los indígenas, los afrodescendientes y otros grupos sociales sufren distintas formas de discriminación o exclusión (…) Además de que los grupos discriminados tienen acceso más precario a la educación, el empleo y los recursos monetarios, también se ven excluidos por la falta de reconocimiento político y cultural de sus valores, aspiraciones y modos de vida” (p.7).
Los obispos latinoamericanos, reunidos en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida (Brasil), también lo constataron. Es así que nos dicen que “la Iglesia denuncia la práctica de la discriminación y del
racismo en sus diferentes expresiones, pues ofende en lo más profundo la dignidad humana creada a “imagen y semejanza de Dios” (n. 533) y en diversos acápites manifiestan su rechazo a todo tipo de discriminación. Por ejemplo, denuncian la discriminación hacia los afroamericanos e indígenas (n.65, 89 y 90) y la mujer (n.48, 453,454).
FORMAS DE DISCRIMINACIÓN PRESENTES EN NUESTRO PAÍS
Algunas de las discriminaciones presentes en nuestro país son:
Racial
Si bien la noción de raza no es sostenible desde la perspectiva biológica ni antropológica, coincidimos con el psicoanalista peruano J. Bruce cuando sostiene que “el racismo es un poderoso y omnipresente organizador de la vida –en su sentido más vasto- de los peruanos (…) asumimos que nadie en el Perú puede escapar a los efectos de la ideología racista, tanto en el plano intersubjetivo como en el de la conformación de su identidad” (p.17)
Y agrega “En última instancia, el racismo es una de las variantes de la exclusión, pero acaso es la más dolorosa y agraviante (…) constituye una justificación ideológica (…) para la perpetración de ese status quo en donde la distribución de los bienes coincide con unas categorías estamentales que, a su vez, corren parejas con una clasificación racial, étnica o cultural que la “legitima” y “naturaliza” (p.29).
Formalmente se habla de que no somos racistas, pero si echamos una mirada más profunda salta a la vista que lo somos y mucho: nuestro lenguaje está impregnado de connotaciones racistas; el trato entre nosotros (y nuestra cortesía y consideración) están en función del color (y tonalidades) de la piel de nuestros interlocutores; el acceso a una serie de locales privados y públicos muchas veces es “filtrado” de acuerdo a nuestra tonalidad de piel; nuestros criterios estéticos están permeados por el racismo; la exigencia de "buena presencia" -léase color de la piel- se incluye descaradamente en muchos avisos de empleo; etc.
Lo curioso es que casi todos somos a la vez discriminados y discriminadores, produciéndose lo que llamaría una discriminación relativa. Me explico: al haberse producido un mestizaje tan grande entre nosotros, la gama de tonalidades es muy amplia y se da el hecho curioso de que una misma persona en determinado ambiente social puede pasar como "la más blanca" y por lo tanto adoptar poses discriminatorias hacia los demás; pero, al relacionarse con otro entorno social descubrir más bien que es discriminada, por considerársele "la más oscura o la menos blanca" de ese otro grupo. Por otro lado el peruano de ascendencia africana, que sufre discriminación, a su vez discrimina al indio, y viceversa.
El racismo es un modo de comportamiento implícito muy difícil de erradicar tanto en los que excluyen como en los que son excluidos; por eso es necesario un esfuerzo consciente y sistemático para hacerlo visible y erradicarlo. En ello juegan un rol importante la familia, educación, los medios de comunicación y el desarrollo de una institucionalidad que no lo permita.
Género
Aquí queremos hacer referencia a la discriminación ejercida contra la mujer. Los estudios de género han hecho importantes aportes para comprender la discriminación contra la mujer, que se asienta en patrones culturales que están a la raíz de su discriminación e invisibilización. En nuestro país esta invisibilización se agrava por el hecho de que un gran porcentaje de mujeres, sobre todo en las zonas rurales, carecen de documentos de identidad, es decir, no existen legalmente, lo que les impide ejercer plenamente sus derechos ciudadanos.
La discriminación de género es reproducida en las diversas instituciones de la sociedad (familia, escuela, trabajo, Iglesia etc.) y, aunque se han dado importantes cambios, hay espacios en los que aún son muy lentos, como en las relaciones familiares y también laborales.
La desigualdad de género al interior de los hogares está fuertemente arraigada, lo que priva a las mujeres de las oportunidades necesarias (educativas, etc.) para poder desarrollar plenamente sus capacidades y habilidades. Desde allí también tomamos nota de que un varón para afirmar su identidad de tal no debe asumir responsabilidades domésticas, y de que sólo le está permitido expresar sus sentimientos de agresividad y no los de ternura o congoja.
La terapeuta Nelly Chong dice que “En el modelo masculino tradicional, los hombres son entrenados desde niños para ocultar sus sentimientos (…) pues esto es considerado un signo de debilidad y ésta se asocia a lo femenino. Este tipo de aprendizaje sobre las emociones conduce a lo que Corsi denomina “analfabetismo comunicacional” (…) es decir, no aprenden a usar las palabras para comunicar sus necesidades afectivas, con lo cual sus relaciones cercanas se ven gravemente afectadas y los puede llevar a situaciones extremas como la violencia”
A las mujeres, desde pequeñas, se les socializa teniendo como eje de su identidad su condición de madres, responsables del hogar en todas sus dimensiones (limpieza, nutrición, salud, educación de los hijos, etc.). Llegada la adolescencia descubren con sorpresa que lo que afirma la identidad masculina (la cuasi promiscuidad sexual), más bien cuestiona la femenina. Y cuando forman pareja reciben el mensaje de que lo que se espera de ellas es que se sacrifiquen en aras del bienestar familiar, dejando de lado sus expectativas de realización personal.
En la escuela este patrón básico es reforzado diligentemente por maestros y maestras. Por su parte, los medios de comunicación nos presentan día a día la imagen del hombre triunfador siempre rodeado por linda mujeres e infiel por naturaleza. En el trabajo y la escena pública (política, etc.) las mejores oportunidades y puestos directivos son para los hombres. Las mujeres, en promedio ganan un tercio menos que los hombres. En el estudio sobre los pobres del Perú se señala que: “en todos los sitios investigados, la mujer pobre es excluida de los espacios de toma de decisión en el seno de la comunidad”.
Todo esto deviene en un machismo interiorizado en la mentalidad peruana, no sólo masculina sino también femenina, “naturalizando” el hostigamiento sexual en el trabajo y la calle, así como la violencia hacia la mujer., violencia que adquiere diversas caras. Por ejemplo, la Comisión de la Verdad (CVR) ha ampliamente documentado que en el conflicto armado interno las mujeres sufrieron la violación de sus derechos en razón de su género siendo la violación sexual indiscriminada la más frecuente, tanto por parte de Sendero Luminoso como de las Fuerzas Armadas.
La violencia familiar constituye una de las experiencias más duras de la discriminación hacia la mujer y afecta a un gran porcentaje de hogares peruanos. La MCLP nos recuerda que según la Organización Mundial de la Salud, en su Estudio Multipaís de la OMS sobre salud de la mujer y violencia doméstica contra la mujer (2005), “el Perú rural es uno de los lugares donde las agresiones de los cónyuges varones contra sus esposas son más frecuentes y graves” (p.52).
Étnica
En la encuesta de la ONG DEMUS del 2005 la mayoría señaló que el origen étnico era una causa importante de discriminación. La MCLP habla de que “la discriminación ejercida contra la población pobre, particularmente de faz indígena, es extendida en todo el país: abusos, coimas, maltrato”.
En nuestro país los habitantes de la Costa discriminan a los de la Sierra y éstos a los de la Selva. No se respeta el bagaje cultural quechua, aymara ni del conjunto de etnias amazónicas. Por motivos que sería largo enumerar la mayoría de peruanos tendemos a aceptar abierta o solapadamente la "superioridad" de la cultura occidental y cristiana. Y miramos, y tratamos, a los portadores de las numerosas etnias y vertientes culturales presentes en nuestra patria como seres inferiores o a lo más "folklóricos".
Este tipo de discriminación no sólo origina nefastas consecuencias a nivel económico, sino también lleva a las etnias y sectores discriminados a no valorar su propio acervo cultural, limitando la expresión pública del mismo, buscando más bien copiar o mimetizarse en el estilo cultural socialmente aceptado.
La discriminación étnica es reproducida por la familia, las instituciones públicas, los medios de comunicación, el sector educativo y el poder judicial, entre otros.
En el sector educativo, aunque en los últimos años ha habido algunos intentos de incorporar una perspectiva intercultural, todavía es predominante la falta de respeto por las distintas identidades presentes en la escuela, siendo el problema más agudo en las zonas rurales. M. Iguiñiz destaca “la falta de clases bilingües, de cursos vinculados con la diversidad e identidad cultural así como la ausencia de preparación de los maestros para combatir la discriminación en el aula de clases”
En el caso del Poder Judicial la MCLP afirma que “la mayoría de jueces no conocen la lengua o los dialectos que se hablan en las localidades donde ejercen sus funciones”, debido a que todo nuestro aparato Judicial supone el uso del español, sin respetar las diferencias culturales y lingüísticas. Ello constituye una de las barreras que impide que el 35% de nuestra población tenga acceso a la Justicia.
Generacional
Este tipo de discriminación se viene acentuando en nuestro país y se sufre de diversas formas. Por ejemplo, en el campo laboral encontramos que por el hecho de ser jóvenes hay pocas posibilidades de encontrar empleo de calidad, lo que limita las posibilidades de desarrollo personal.
Por otro lado, en el caso de los adultos a partir de los 40 años están sujetos a una expulsión acelerada de sus centros de trabajo, con pocas o nulas posibilidades de volverse a reinsertar en el mercado laboral. Es curioso que en una época en la cual tiende a aumentar la expectativa de vida (la actual para los peruanos es de 71 años), se acorte, y muchas veces se interrumpa intempestivamente, la vida útil laboral. Hoy día la mayoría de ofertas laborales asalariadas ponen como requisito ser menores de 35 años.
En este caso, como en el de la discriminación racial, con frecuencia todos somos discriminados y discriminadores. Los jóvenes, sobre todo los adolescentes, constantemente son “ninguneados” por su condición de tales. Pero a su vez los jóvenes tienden a considerar, y tratar, a toda persona mayor de 40 años como gente de quienes nada se puede ya aprender.
Es conocido también el maltrato que nuestra sociedad dispensa a los jubilados y, en general, a las personas de la tercera y cuarta edad, no sólo porque no se les reconoce pensiones adecuadas para llevar una vida digna, sino también porque la vida cotidiana (pública y privada) no está pensada en términos de facilitar la atención de las diversas necesidades propias de dicha edad. Este tipo de discriminación se agrava en los hogares más pobres, pues ante la ausencia de una red de protección social la familia los siente como una carga más en su ya angustiante lucha por la sobrevivencia cotidiana.
Clase o nivel socio-económico (NSE)
Esta es una de las discriminaciones de las cuales somos relativamente más conscientes. No es casual que en los diversos sondeos que se hacen al respecto, cuando se le pregunta a la población ¿En cuál de los siguientes aspectos crees que existe más discriminación (trato desigual) entre los peruanos? la mayoría de encuestados responde que por la situación económica. A la base de eso está el hecho de que en nuestro país tenemos una de las distribuciones del ingreso más desiguales del mundo.
Por discapacidad
Como señala la Defensoría del Pueblo, las personas con discapacidad han estado en permanente desventaja social, económica y política pues “constituyen un grupo particularmente vulnerable debido a las condiciones de exclusión y las prácticas y actitudes discriminatorias que han sido incorporadas en el funcionamiento cotidiano de la sociedad (…) en diversos ámbitos, como en el acceso al empleo, a la educación y a los servicios de salud.
La discriminación hacia este colectivo tiene su principal origen en la valoración que la sociedad hace de la discapacidad, la que es realizada sobre la base de las nociones de lo que es bueno, malo, bonito, feo, normal o anormal. De esta manera se construyen percepciones erróneas de la discapacidad que se ven traducidas en prejuicios y actitudes negativas hacia dichas personas. Las dificultades que afrontan no son consecuencia directa de la discapacidad que presentan, sino que provienen de la reacción o inacción del entorno ante tales discapacidades” (p. 94-95).
Por ejemplo, la escuela no se ha adecuado a sus necesidades y muchas veces los rechaza del sistema de educación regular. Por ello debe ofrecerse una respuesta educativa que favorezca la inclusión de niños y niñas con necesidades educativas especiales asociadas a discapacidad.
Sus oportunidades laborales también están seriamente restringidas, pues tienen menos oportunidades que el resto de la población para acceder al empleo, lo que los obliga a una dependencia permanente de sus familias.
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CONSECUENCIAS DE LA DISCRIMINACIÓN
Todo este tipo de discriminaciones trae como consecuencia que
1.- Nuestras relaciones sociales no estén marcadas por la horizontalidad, sino por la verticalidad (relación inferior – superior). Debido a la existencia de estas (y otras) discriminaciones no es muy usual encontrar peruanos que puedan afirmar certeramente que nunca han sido discriminados, pues la trama de discriminaciones es tan compleja que quien se salva de serlo por su extracción social o clase, lo termina siendo por su género (mujer), raza, etnia o región de origen. Esto ocasiona que en nuestras relaciones sociales raramente nos situemos en un plano de igualdad.
2.- Que la mayoría de peruanos tengamos una baja auto-estima. La auto-estima desvalorizada nos lleva a pensar que lo propio no tiene valor. Por ello, tendemos a valorar excesivamente lo extranjero en detrimento de lo nuestro, rasgo cultural que se refleja en múltiples aspectos de nuestra vida, como por ejemplo en nuestras pautas de consumo.
3.- Alimenta sentimientos de impotencia, humillación y frustración, que cuando no encuentra los canales adecuados para procesarse pueden terminar generando estallidos de violencia.
4.- Hace que no nos sintamos sujetos de derechos y que tampoco se los reconozcamos a otros. El no considerar que se tienen derechos hace que tampoco nos sintamos con deberes (o responsabilidades), más allá de nuestro ámbito familiar; ya que el resto no lo consideramos nuestro.
5.- Todo ello hace que nuestras relaciones estén marcadas por la constante agresión y falta de reconocimiento hacia los demás; lo que se manifiesta en diversos comportamientos de nuestra vida cotidiana, como por ejemplo el transporte público, la contaminación sonora, la falta de responsabilidad en el manejo de la basura etc.
6.- Estas permanentes y diversas fuentes de discriminación, también explican, en parte, por qué el desorden es una característica de nuestra sociedad. Se supone que en la sociedad moderna la ley funciona como un ordenador social. La igualdad ante la ley de todos los ciudadanos de un país es la primera y principal fuente de legitimidad del ordenamiento legal, pero solo cuando los ciudadanos perciben que este ordenamiento ha sido hecho en función del bien común y no es fruto de la privatización del estado por unos cuantos.
Pero en nuestro país desde pequeños percibimos que el acceso a los derechos y deberes está –por así decirlo- "mediado" por estas discriminaciones, que hacen que algunos peruanos nos sintamos -y seamos- “más iguales” que otros. En el Perú la justicia nunca ha sido "ciega", más bien siempre ha tenido los ojos muy abiertos para ver con quién se topa (rico-pobre, blanco-negro, hombre-mujer costeño-serrano etc.).
Por ello es muy difícil que quienes no tienen la vivencia diaria de ser considerados iguales, sino más bien el de ser constante y arbitrariamente discriminados en función de algunas de las variables arriba señaladas, puedan reconocer alguna legitimidad a la ley y por lo tanto consentir que ella "ordene" nuestra cotidianeidad.
7.- Estas discriminaciones también hacen que no nos sintamos parte de una comunidad nacional. Hay una desunión muy grande entre nosotros, se nos hace difícil tratarnos como iguales, ciudadanos de una misma nación, con valores e intereses comunes; lo que repercute en una falta de identidad como nación.
Por todo ello, coincidimos con la Defensoría del Pueblo cuando señala que “Es preciso iniciar un proceso de reconocimiento y aceptación de las diferencias étnicas, raciales, culturales, sociales, religiosas, sexuales, físicas, entre otras, que signifique una revisión crítica de muchas de nuestras concepciones sobre ser persona y ciudadano. El debate debe centrarse no en eliminar las diferencias, sino, por el contrario, en cómo las vivimos y damos pasos cualitativos para la construcción de una sociedad pacífica, más democrática e igualitaria (p.12).
Para concluir, es importante señalar que contamos con los instrumentos legales para poder afrontar la discriminación existente en nuestra sociedad pues, como dice la Defensoría la “discriminación constituye una figura delictiva que se encuentra tipificada en nuestra legislación en el artículo 323º del Código Penal. De acuerdo con la norma penal, el delito de discriminación sanciona dos modalidades alternativas de conducta: (i) discriminar a una o más personas o grupo de personas y (ii) incitar o promover en forma pública actos discriminatorios. Dichas conductas, para ser pasibles de persecución penal, deben estar fundadas en motivos de raza, religión, sexo, factor genético, filiación, edad, discapacidad, idioma, identidad étnica y cultural, indumentaria, opinión política o de cualquier índole, o condición económica” (p.17).
FUENTES CITADAS
Bruce, J. Nos habíamos Choleado Tanto. Psicoanálisis y Racismo Lima, Universidad San Martín de Porres, 2007)
CEPAL-AECI, SEC.GEN.IBEROAMERICANA Cohesión Social. Inclusión y sentido de pertenencia en América Latina y el Caribe. Síntesis. (Santiago, enero 2007).
Chong, N. “Los hombres sí lloran” La República 6 de diciembre del 2007.
Defensoría del Pueblo La discriminación en el Perú. Problemática, normatividad y tareas pendientes (Lima, setiembre del 2007).
Iguiñiz, M. “Política de equidad para el próximo quinquenio” en: http://www.
foroeducativo.org.pe/comunicaciones/alerta/218/opinion3.htm
MCLP: Mesa de Concertación de Lucha contra la Pobreza Futuro sin pobreza. Balance de la lucha contra la pobreza y propuestas (Lima, MCLP, 2007).
Sulmont, D. Encuesta Nacional sobre Exclusión y Discriminación Social (Lima, Demus, 2005)
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MES A MES
Discriminación (enero-marzo)
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Con ocasión del debate tenido estos meses sobre el “tercio superior” (D.S. 044) se discutió si este requisito era un factor discriminatorio o no. Al respecto la mayoría de Presidentes Regionales y la Defensoría del Pueblo señalaron que dicha disposición violaba "el derecho fundamental de acceso a la función pública docente en condiciones de igualdad", atentando contra el derecho al trabajo. En cambio, el Premier del Castillo afirmó que en este caso no podría hablarse de discriminación, sino de una exigencia de calificación establecida como requisito para una selección perfectamente constitucional. Como sabemos, posteriormente fue dejada sin efecto.
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Informe de EE.UU. critica la discriminación en el sistema judicial peruano. Según el informe del Departamento de Estado sobre la situación mundial de los derechos humanos en el 2007, en nuestro país los detenidos con dinero tienen todas las facilidades, mientras que quienes no cuentan con recursos económicos están abandonados a su suerte. Igualmente critica la inacción frente a la discriminación contra mujeres e indígenas.
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El Comité de las Naciones Unidas sobre la Discriminación Racial expresó su "preocupación por la contaminación y la degradación ambientales" en zonas del Perú donde están asentadas comunidades nativas achuar, quichuas y urarinas, debido a la explotación de hidrocarburos en la cuenca del río Corrientes (Loreto)
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En estos meses las Municipalidades de Cayma, Yanahuara y Cerro Colorado (Arequipa) han publicado Ordenanzas contra la discriminación en locales abiertos al público. Como bien nos recuerda Wilfredo Ardito, la Municipalidad de Magdalena (Lima) fue la pionera, con su ordenanza de diciembre del 2006. Igualmente, emprendió la campaña publicitaria “Somos una sola raza: la humana”. Posteriormente, en el 2007 lo hizo San Miguel (Lima). Sin embargo, al decir de Ardito “Hasta el momento, la Ordenanza más completa contra la discriminación es la que aprobó la Municipalidad de Abancay, que enfrenta todo el problema en su conjunto”. Abancay lo hizo a fines del año pasado. (Quienes deseen impulsar este tipo de iniciativas en sus distritos, pueden escribir a Wilfredo Ardito, su correo es wilfredo@aprodeh.org.pe)
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Con motivo de celebrarse el 21 de marzo el Día Mundial contra el Racismo, el Colectivo contra el Racismo (conformado por APRODEH, el Grupo Impulsor contra el Racismo, la Sección Peruana de Amnistía Internacional y otros) otorgó el Premio Anual a la Lucha contra el Racismo a Lorenzo Bergantín, párroco de El Carmen (Chincha); y a la Municipalidad de Magdalena.
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El gobierno promulgó un decreto que busca acabar con la discriminación de que eran objeto las mujeres en nuestro país, al negárseles, en numerosos clubes (Regatas Lima, Nacional, etc.) su derecho a ser socias de los mismos, por estar reservado dicho derecho exclusivamente a los hombres.
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El Colectivo contra el Racismo realizó la semana Contra el Racismo del 24 al 30 de marzo. Durante la semana se llevaron a cabo seminarios, cine foros, la entrega del Premio al más y menos Racista 2007, ferias informativas, concierto y actividades de impacto en busca de sensibilizar a la población y llamar la atención del Gobierno sobre las Políticas Publicas de lucha contra el racismo que todavía faltan implementar.
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Pobreza (Marzo)
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La Revista Caretas (28 febrero) publica el siguiente cuadro sobre los cambios en la situación de pobreza, que nuestra que si bien ésta ha disminuido en el país, ha aumentado en 6 regiones, justamente las más pobres:
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Incidencias de Probreza Años 2004, 2005 y 2006 |
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Dominios |
2004 |
2005 Incidencia |
2006 |
Diferencias 2004-2006 con Imputacion |
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Departamentos |
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Amazonas |
65.1% |
68.6% |
59.1% |
-6.1% |
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Ancash |
53.3% |
48.4% |
42.0% |
-11.4% |
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Apurímac |
65.2% |
73.5% |
74.8% |
9.5% |
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Arequipa |
34.2% |
24.9% |
26.2% |
-8.0% |
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Ayacucho |
65.9% |
77.3% |
78.4% |
12.5% |
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Cajamarca |
66.2% |
68.8% |
63.8% |
-2.4% |
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Cusco |
53.1% |
55.6% |
49.9% |
-3.3% |
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Huancavelica |
84.8% |
90.3% |
88.7% |
3.9% |
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Huánuco |
78.3% |
75.8% |
74.6% |
-3.7% |
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Ica |
27.3% |
23.9% |
23.8% |
-3.5% |
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Junín |
49.6% |
56.0% |
49.9% |
0.2% |
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La Libertad |
48.5% |
43.0% |
46.5% |
-2.0% |
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Lambayeque |
43.6% |
44.0% |
41.1% |
-2.5% |
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Lima |
32.2% |
32.9% |
25.1% |
-7.2% |
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Loreto |
66.9% |
71.5% |
66.3% |
-0.6% |
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Madre de Dios |
27.1% |
30.8% |
21.8% |
-5.3% |
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Moquegua |
38.7% |
30.3% |
27.3% |
-11.4% |
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Pasco |
65.7% |
72.9% |
71.2% |
5.5% |
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Piura |
60.7% |
58.6% |
54.0% |
-6.7% |
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Puno |
78.3% |
75.2% |
76.3% |
-2.0% |
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San Martín |
51.9% |
54.1% |
54.3% |
2.4% |
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Tacna |
24.7% |
30.3% |
19.8% |
-4.9% |
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Tumbes |
24.2% |
16.2% |
15.8% |
-8.4% |
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Ucayali |
56.3% |
53.1% |
54.0% |
-2.2% |
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El Presidente García publicó un tercer artículo en el diario El Comercio (02-03-2008), titulado “El perro del hortelano contra el pobre” donde busca refutar la afirmación de que su gobierno no hace nada para reducir la pobreza y que los programas sociales de alivio de la misma están desarticulados. Allí afirma que “el total del gasto social fue de S/.29.645 millones en 2007, es decir, el 51% del gasto general, y está proyectado a S/.34.177 millones en el presupuesto del 2008. El gasto social se ha duplicado en relación al año 2005. ¿Quién dice que no se hace nada contra la pobreza?”
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El Economista Enrique Vásquez, de la Universidad del Pacífico, en una entrevista que le hace Mariela Balbi, en El Comercio (24-3-08), titulada “Respuesta al Perro del Hortelano” insiste en la desarticulación de los programas sociales y señala que “Cada uno de los 25 programas actúa de acuerdo con su propia lógica de intervención”. Nos dice que lo que se le critica al gobierno es que teniendo los medios para reducir la pobreza no lo hace bien. Y agrega que “El Gobierno goza de un superávit fiscal para destinar recursos que permitan reducir la pobreza en dos frentes: los programas sociales y la creación de un clima promotor de la inversión, generadora de empleo.
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Por su parte P. Francke, economista de la Universidad Católica y ex presidente de FONCODES, remarcó que la lucha contra la pobreza no sólo requiere de los programas sociales, sino también necesita priorizar el agro, la industria y el turismo, así como la restitución de derechos laborales, y de programas para aumentar la productividad de los pequeños empresarios y agricultores.
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Comentando el artículo presidencial, el director del diario Perú 21, A. Alvarez Rodrich, señala (en su editorial del 6 de marzo) que: “En cuanto al combate a la pobreza, el gobierno no parece tener más ideas que gastar más sin importar cómo”.
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Y comentando el artículo de García, Sinesio López dice que “Uno de los caminos más seguros para salir de la pobreza es el que conduce a la generación de empleos de calidad y de salarios dignos. Eso obliga a repensar, cuestionar y reajustar el modelo neoliberal exclusivamente rentista que García celebra e impulsa” (La República, 07-03-2008).
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Una encuesta de CPI en Lima y 15 ciudades del país encuentra que el 54.4% opina que la pobreza ha aumentado. Esta percepción se tiene sobre todo en el Oriente, la costa sur y la sierra centro sur.
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El Jurado Nacional de Elecciones informó que casi el 90 por ciento de lugares donde se han adquirido kits para revocar autoridades municipales está en zonas de pobreza.
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En el Informe sobre Conflictos Sociales de la Defensoría del Pueblo se destaca que 71 conflictos (82%) se han desarrollado en lugares donde la mayoría de la población vive bajo la línea de pobreza.
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Ante el alza constante de los alimentos, el gobierno dispuso otorgar un subsidio temporal (seis meses) en forma de canastas de alimentos (por un valor de S/.25) a 100 mil hogares (en extrema pobreza) de zonas urbano-marginales en Lima. Javier Barreda, viceministro de Desarrollo Social señaló que "No se atenderá al sector rural, porque ahí ya opera el programa Juntos".
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Pedro Francke consideró que ese monto será insuficiente para atenuar los efectos del alza de los precios en los sectores pobres del área urbana y criticó que el subsidio se limite a Lima.
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Nilton Quiñones, del Grupo Propuesta Ciudadana señaló que el subsidio “es solo una estrategia a corto plazo y no una verdadera política de lucha contra la pobreza ".
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DOCUMENTOS
Textos de la Comisión de la Verdad Y Reconciliación sobre la Discriminación
Extractos tomados de Informe Final, Tomo VIII, Segunda Parte. Los factores que hicieron posible la violencia (Lima, CVR, 2003). Los subtítulos son nuestros.
1.- Viene de atrás:
“A lo largo del siglo XX, también se resquebrajaron las viejas divisiones estamentales con lo que sus fronteras se volvieron porosas y borrosas. Sin embargo, las asimetrías entre criollos, mestizos, cholos e indios no desaparecieron. Éstas, más bien, se reformularon y se perpetuaron las discriminaciones étnico-culturales y raciales. El entrelazamiento de estas inequidades y discriminaciones produjo una creciente percepción de agravio y desconfianza, precisamente, en el polo «pobres-provincianos-serranos-rurales-cholos/indios», donde la CVR ha constatado el mayor número de víctimas” (p.34).
“Las relaciones entre hombres y mujeres no han sido justas ni equitativas en la historia del Perú. Existe en la sociedad peruana un sistema de género —esto es, un sistema de poder simbólico, social y político, jurídico y psíquico (Scott 1990) — caracterizado por la desigualdad, las relaciones jerárquicas y la discriminación” (p.59).
“La violencia contra la mujer en la familia se asienta sobre patrones históricos de violencia y discriminación, presentes en nuestra sociedad. Los datos señalan que se trata de un problema social de gran magnitud que trasciende el periodo de conflicto armado. El aumento de la violencia intrafamiliar no es resultado directo del conflicto armado interno. Es, más bien, una forma de violencia que ya existía y que está relacionada con la discriminación de género” (p.99).
“En nuestro país —a diferencia de aquellas sociedades que enfrentan conflictos étnicos abiertos como los de Europa del Este, África o Asia—, la identidad étnica presenta rasgos bastante complejos. Aunque en el territorio nacional coexisten más de 55 grupos étnicos, y alrededor de un quinto de la población habla un idioma indígena, todavía es débil la reivindicación explícita de las identidades étnicas originarias. Quienes hablan un idioma indígena, por lo general prefieren ocultar sus orígenes étnicos. Esta situación refleja la persistencia de la discriminación étnica y el racismo de origen colonial” (p.119-120).
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2.- La discriminación sufrida ayudó a cohesionar a los subversivos
Refiriéndose a Ayacucho la CVR señala que: “Allí se configuraba una suerte de nosotros con fronteras muy rígidas y excluyentes, basado en una cercanía étnico-regional donde se entrelazaban el color de piel, la lengua, las costumbres y se tenía una percepción de agravio provocada por la inequidad y la discriminación. El PCP-SL llegó a proporcionar así una identidad, una «estructura de sentimientos», a estudiantes pobres dependientes de los servicios universitarios, discriminados y «ubicados entre dos mundos»; pero, también, a pequeños núcleos barriales de Lima y sectores campesinos hartos de la pobreza, el abuso y la exclusión” (p.43).
“El PCP-SL «atizó», y allí se reavivaron —en la respuesta del Estado y en la indiferencia de sectores importantes de la ciudadanía—, todas las discriminaciones” (p.49).
“De alguna manera, el PCP-SL canalizaba el odio y la frustración derivados no sólo de la discriminación social y racial, sino también de la originada en el sistema de género” (p.71).
“El racismo y la discriminación étnica alimentaron el afán de certidumbres y de una explicación axiomática sobre el futuro, tal como la ofrecida por la ideología senderista” (p.126)
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3.- Las discriminaciones influenciaron la “visión” del conflicto
“La discriminación étnica y racial fue un elemento presente en el conjunto del proceso de violencia. En los diferentes momentos y ámbitos de su desarrollo, fue un factor que influyó significativamente sobre los comportamientos y percepciones de los diversos actores, aunque casi siempre de manera encubierta” (p. 173).
“La discriminación étnica y racial operó sobre el conjunto del proceso de violencia y afectó de manera transversal a los diferentes sectores sociales del país, así como a los actores directos del conflicto, en todos los escenarios donde éste se desarrolló. Diversos estudios desarrollados por la CVR, describieron cómo, en escenarios y lugares tan diferentes como las comunidades campesinas de la sierra andina, las comunidades nativas amazónicas, los sindicatos de zonas urbanas industriales, las salas de prensa de los medios de comunicación, las universidades limeñas y provincianas, así como los barrios periféricos de las ciudades, las diferencias étnicas y raciales jugaron un papel importante, al generar conductas e imágenes que estuvieron presentes durante todo el proceso de violencia” (p.122)
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4.- Y sirvieron de pretexto para “naturalizar” las diferencias
“CVR comprobó que el peso del componente étnico y racial estuvo presente tanto en las causas históricas del conflicto —es decir, en la generación de un contexto propicio para el surgimiento y reproducción del enfrentamiento— como en el plano más inmediato de las percepciones y comportamientos cotidianos de los diferentes actores implicados directa e indirectamente. Se trató de un factor que estuvo presente a lo largo del conflicto, pero de manera oculta. Sólo en aquellos momentos en que se ejerció la violencia física, la discriminación afloró de manera más abierta, cubriendo de esa forma a los asesinatos, torturas y violaciones con una carga explícita de violencia simbólica. Muchas veces, las diferencias étnicas y raciales —convertidas en criterios de naturalización de las desigualdades sociales— fueron invocadas por los perpetradores para justificar las acciones cometidas contra quienes fueron sus víctimas”. (p.123)
“El conflicto armado reprodujo en gran medida las brechas étnicas y sociales que afectan al conjunto de la sociedad peruana. La concentración de la violencia fue mayor entre la población de los márgenes socia-les —indígenas, pobres y rurales— de las diversas regiones que fueron escenario del conflicto. De allí que las tres cuartas partes del total de víctimas reportadas a la CVR hayan sido quechua hablantes de los departamentos más deprimidos del país. Este sector sufrió las mayores consecuencias de la violencia” (p.173).
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5.- Y justificar la violencia
“Aunque el conflicto no tuvo un carácter étnico explícito, estuvo cargado de elementos raciales, étnicos y regionales que actuaron entrelazadamente, acentuando la violencia. El racismo y la discriminación fueron inmanentes a las prácticas de violencia de todos los actores, aflorando sobre todo en los momentos en que se ejerció la violencia física, mediante categorías raciales que estigmatizaron a las víctimas como indios, cholos y serranos. Esta violencia simbólica, generó en las víctimas una percepción de agravio muy fuerte, que muchas veces también se expresó violentamente” (p.174).
“el cruce de discriminación étnica y regional compuso, así, otro de los ingredientes del caldo de cultivo propicio a la violencia” (p.125).
“Diversos testimonios recogidos por la CVR, revelaron el modo en que los diversos actores del conflicto reprodujeron el racismo antiindígena proveniente de la sociedad andina tradicional. La palabra indio fue utilizada comúnmente para denigrar, estigmatizar y deshumanizar a quienes eran considerados oponentes y, de esa manera, tiñeron con la discriminación étnica el despliegue de la violencia” (p.126).
“Los testimonios evidencian, asimismo, cómo la intensidad de la discriminación étnica y racial —más aún en el contexto de violencia— generó un fuerte sentimiento de agravio que acompaña el dolor de quienes fueron víctimas de desprecio” (p.128).
“En algunas ocasiones, el uso de la violencia fue acompañado por manifestaciones de venganza o rencor ante la discriminación sufrida con anterioridad” (p.131).
“En diversos momentos del conflicto, los actores desarrollaron e implementaron procedimientos de selección de sus víctimas basados en criterios raciales, que reprodujeron las brechas étnicas y aumentaron las distancias sociales, incrementando el clima de violencia. De esa manera, la superposición de criterios raciales con aquellos de diferenciación social y de estatus, influyó sobre la violencia en todos los escenarios del conflicto” (p. 174).
“Estas diferencias fueron reapropiadas por los diversos actores del conflicto, para justificar sus prácticas de violencia y encontrar sentidos compensatorios a su condición de víctimas” (p.174).
Conclusión:
a) Hay secuelas que atender
“La CVR halla que el conflicto armado interno ha dejado secuelas muy profundas en todos los planos de la vida nacional. La amplitud e intensidad del conflicto acentuaron los graves desequilibrios nacionales, destruyeron el orden democrático, agudizaron la pobreza y profundizaron la desigualdad, agravaron formas de discriminación y exclusión, debilitaron las redes sociales y emocionales, y propiciaron una cultura de temor y desconfianza” (p. 381).
b) El proceso de reconciliación pasa por acabar con discriminación
“La CVR entiende que la reconciliación debe ocurrir en el nivel personal y familiar; en el de las organizaciones de la sociedad y en el replanteamiento de las relaciones entre el Estado y la sociedad en su conjunto. Los tres planos señalados deben adecuarse a una meta general, que es la edificación de un país que se reconozca positivamente como multiétnico, pluricultural y multilingüe. Tal reconocimiento es la base para la superación de las prácticas de discriminación que subyacen a las múltiples discordias de nuestra historia republicana” (p.384)
“En aras de la reconciliación nacional, resulta indispensable impulsar la creación de una identidad colectiva de todos los peruanos respetuosa de las diferencias culturales y librada efectivamente de cualquier rezago de discriminación étnica y racial. Esta es una de las lecciones profundas dejadas por la violencia” (p.174).
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OPINIÓN Félix Reátegui
Racismo: una discusión permanente
La discusión sobre el racismo en el Perú regresa cíclicamente a la palestra pública, como lo ha hecho en fechas recientes, pero siempre está confinada a un grupo muy reducido: estudiosos de las ciencias sociales, sectores interesados en la promoción de los derechos humanos y no mucho más. Ocasionalmente, algún diario puede hacer eco del problema pero es casi seguro que ninguna autoridad política lo mencionará entre las cuestiones urgentes que el país debe afrontar.
La última afirmación, sin embargo, es en sí misma materia de debate.
¿Existe racismo en el Perú y es un problema por superar? La pregunta puede discutirse en dos dimensiones, por los menos. Una de ellas es la que se refiere a las percepciones de las personas; la otra es la pregunta acerca del papel que, en efecto, cumple el llamado racismo en el funcionamiento de la sociedad peruana.
En cuanto a la primera dimensión de la pregunta, existe una vieja ambivalencia en la opinión pública. La caracterización explícita del país como “racista” se ha visto contrapesada desde hace décadas por la ideología del mestizaje. Son pocas las veces en que una elaboración intelectual tiene tan buena fortuna en el sentido común.
La idea del mestizaje como síntesis, como resolución tal vez armónica, tal vez agónica de diferencias raciales de origen, constituye, en gran medida, una suerte de versión oficial y popular de la realidad peruana. Y, así predomina la siguiente idea: puesto que nadie es puramente blanco ni puramente indígena, mal podría el racismo ser moneda corriente en la vida de los peruanos. Este es, no obstante, un pensamiento simplemente deductivo, no el resultado de un cotejo con la experiencia diaria. Su formulación casi lógica seria: ya que no hay razas, no puede haber racismo.
Distinta es la respuesta de las personas si se pregunta por la experiencia o la percepción. En ese caso, la sensación de no haber sido tratado equitativamente, y la convicción de que eso tiene algo que ver con el color de la piel o el origen étnico, comienza a expresarse con vigor. Así, por ejemplo, en una encuesta realizada hace pocos años, solo el 10% de los entrevistados pensaba que un indígena puede hacer valer sus derechos siempre o casi siempre. En esa misma encuesta, por lo demás, El 46.5% calificaba a la sociedad peruana como muy racista o bastante racista 1. No es improbable sin embargo, que entre esta misma población predomine la representación mental del Perú como una sociedad fundamentalmente mestiza.
En cuanto a la segunda dimensión de la pregunta, la comunidad académica no tiene tampoco una visión unitaria al respecto. Hay consenso, naturalmente, en que nuestra sociedad es fuertemente discriminadora y desigual; podría haberlo también en que dentro de una escala muy compleja de colores, lenguas y orígenes regionales, quien pierde más en el juego de la discriminación es la población más cercana a la definición de indígena y, dentro de ella las mujeres.
Dicho esto queda abierto el asunto de cuál es el factor predominante de esa discriminación. La complejidad del problema radica en la poca precisión con que se usan conceptos como etnicidad, cultura y raza, y en la dificultad de aislar y asignar un peso específico a los distintos factores de la discriminación, para así producir una teoría convincente. Trabajos muy influyentes, como los de Marisol de la Cadena y Fernando Fuenzalida, sostienen que las distintas formas de discriminación se tejen o anudan en un complejo donde se entrecruzan categorías como raza, origen regional, género, clase, idioma y otras. No sabemos aún si lo correcto es preguntarnos cuál es el factor predominante o si, más bien deberíamos preguntarnos por la forma en que los distintos factores se relacionan entre sí.
En todo caso, la reflexión académica sobre el racismo podría, y debería, tener una importancia práctica: si se entiende de qué modo este género de discriminación condiciona el funcionamiento de la sociedad peruana tanto en la vida cotidiana como en la dimensión institucional, entonces será más probable que sea reconocido oficialmente. El Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, documento del Estado peruano, fue un avance en esa dirección. Pero este no ha sido continuado por el resto del Estado. Es necesario insistir en ello para que el problema del racismo sea tenido en cuenta más claramente en el plano de las políticas públicas del Perú.
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Artículo aparecido en Mestizo, publicación de la Asociación Cultural La Candelaria, Año 2, Edición 11, Marzo-Abril 2008, p. 6
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