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La otra Lima

26
oct 2011

En los últimos quince años, Lima parece estar atravesando un proceso de modernización en los ámbitos económicos, social y cultural. Los medios de comunicación colocan en nuestros hogares modelos de jóvenes insertados en una economía que, a raíz de intercambios comerciales con potencias económicas, tienen las puertas abiertas frente a un universo de oportunidades. Si a ello añadimos fenómenos como la masiva multiplicación de universidades en un tiempo sumamente corto, el crecimiento, auge económico en distritos relativamente jóvenes, y una dinámica de consumo (numerosas marcas de ropa, artefactos, insumos) que cada vez parece asentarse en una época de progreso sostenido, en un país cuyas perspectivas a futuro se presentan optimistas. Lo cierto es que basta acercarse a ciertas realidades para poner en tela de juicio esa imagen optimista de un país que parece “no cesar de crecer”.

En el colegio Fe y Alegría, donde realizo mi voluntariado, que se ubica en San Juan de Lurigancho pude ver una realidad educativa totalmente diferente a la que conocía. Me sorprendió el hecho de que jóvenes y adultos tomen la decisión de estudiar y hacer algo productivo los días sábados por la tarde, en vez de salir a divertirse con sus amigos en alguna reunión o fiesta, dado el ambiente en el que se desenvuelven esto sería lo “normal”. Vi a estas personas con muchas ganas de querer aprender lo que sea que el IRFA (Instituto Radiofónico Fe y Alegría) les pueda enseñar. Ellos querían terminar aquel trabajo Manuel sin importar las distracciones. ¿Cuál fue mi visión de estas personas? Ellos son tan capaces como nosotros a pesar de que se encuentren en situaciones limitadas. Situaciones que ellos no eligieron y que, sin embargo, son marginados por la sociedad en la que vivimos. Sociedad que piensa que ellos son pobres porque quieren y que no hay excusa para eso pues “estamos en crecimiento” económicamente. (¿El Perú avanza?)

Todo ello nos lleva a preguntarnos ¿Realmente estamos creciendo? ¿Qué entendemos por crecimiento? Progreso no significa, o no únicamente, acumulación de capitales fruto de dinámicas comerciales, sino también iniciativas puntuales, tanto privadas como públicas, por reinsertar al sistema personas con limitaciones formativas y/o educativas.

Es importante, por otro lado, el respaldo de jóvenes capaces de contribuir con esas campañas. Jóvenes con vocación de servicio y que entiendan su aporte como, si bien pequeño en comparación con una problemática macro, significativo.

Nosotros los voluntarios no decidimos participar de esta campaña por algún tema lucrativo. Somos conscientes de la realidad que nos rodea y, por algún motivo, creemos que no es la adecuada para vivir. Es por eso que tomamos la decisión de “cambiar” aquella realidad. Sabemos que no es fácil pero somos pacientes. No cambiaremos el mundo con este voluntariado, pero habremos comenzado algo que otros pueden terminar. Además debemos ser conscientes, como voluntarios, que hay criterios necesarios que se debe tomar en cuenta para establecer la relación con las personas con las que trabajaremos. Personalmente, el principal criterio que debemos tener es la compasión. No me malinterpreten en su significado. La compasión de la que hablo es tan igual como la empatía que uno puede sentir por otra persona. Cuando uno siente compasión por el otro es cuando compartes la pasión de esta persona, compartes su dolor, su frustración. Creo que la relación que uno puede llegar a tener con otra persona, en este voluntariado, se basa en eso. Debemos ser vulnerables a su situación, debemos sentir que tenemos un lazo con estas personas, es la única manera que podemos sentirnos afectados por lo que les pasa y, de esta manera, tratar en cuanto podamos de ayudarlos.

Brenda Baquerizo López

Voluntaria en la zona de SJL

 

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